Ingredientes:
- 500 g de sardinas frescas, limpias
- 250 g de sal gorda (sal marina gruesa)
- Aceite de oliva virgen extra (cantidad necesaria)
Instrucciones:
- Envuelve las sardinas limpias en film transparente y congélalas durante 5 días a -20°C para prevenir el anisakis.
- El día anterior, pasa las sardinas del congelador a la nevera para que se descongelen lentamente.
- Con un cuchillo afilado, abre la sardina por la barriga, separa un filete, corta la cola, tira de la espina y recorta la zona de la barriga.
- Sumerge los filetes en un bol con agua muy fría y hielo durante 30 minutos.
- Sécalas muy bien con papel de cocina.
- Cubre el fondo de la fuente con una capa generosa de sal gorda, coloca los filetes de sardina sobre la sal (con la piel hacia arriba), cubre completamente con otra capa de sal gorda, presiona ligeramente y refrigera durante 40 minutos.
- Retira la sal con cuidado, lava los filetes bajo agua fría y sécalos muy bien con papel de cocina.
- Coloca las sardinas en un recipiente hondo con la piel hacia arriba y cúbrelas completamente con aceite de oliva virgen extra.
- Refrigera durante al menos 4 horas antes de servir.